Marco Antonio Villa
Para La Nacion

El 7 de octubre de 2018 quedará como una marca em la historia electoral de Brasil. Nunca antes una elección condujo a un cambio tan drástico del panorama político. Los resultados fueron inesperados. Todas las encuestadoras fallaron. Nadie detectó la profundidad de la rebelión popular contra el establishment. Ningunearon las señales de que los electores estaban hartos de la vieja política.

Brasil cambió. Las mayores manifestaciones callejeras de la historia nacional – em 2015 y 2016, condujeron al juicio político de Dilma Rousseff – se constituyeron como una ruptura, una cesura radical que la vieja y arcaica estructura política no logró entender hasta el domingo, cuando un verdadero tsunami electoral sepultó el modelo político construido por la Constituición de 1988. La participación popular construyó una nueva forma de hacer política. La gente advirtió que podia participar de proceso electoral de manera autónoma, sin someterse a los dictámenes de los caciques partidarios. Salieron a las calles y exigieron el juicio político de Dilma. Y fueron milliones, em todo Brasil. Quedó em manos de los legisladores escuchar el reclamo popular, algo que para muchos parecía imposible.

Al final, resultó que el Partido de los Trabajadores había construido una nueva forma de dominación, un control de la maquinaria del Estado nunca visto em la historia brasileña. Articuló una relación nefasta com las mayores empresas nacionales, especialmente las grandes contratistas. No había área de la administración pública que no estuviese permeada por el esquema delictivo del PT. Fue lo que el ministro del Supremo Tribunal Federal calificó de proyecto delictivo de poder. Popularmente, essa cooptación del Estado se conoció como “petrolão.”

Y el electorado respondió en idioma Petrolão y castigó a los enemigos de la operación Lava Jato. Los petistas insistían em que Lula fue condenado injustamente y sin pruebas, y que el electorado daría su próprio veredicto em las urnas. El electorado dio su veredicto: !condenó a Lula! El PT sufrió la peor derrota desde 2002. Vale a pena recordar que em una sola de las cinco causas em su contra Lula fue condenado a 12 años de prisión por corrupción y lavado de dinero.

La elección fue un plebiscito. Terminó transformado en un debate entre el Brasil del pasado – el Brasil petista, lulista – y el nuevo Brasil nacido de las calles, de las manifestaciones de 2015-2016. Triunfó lo nuevo, que todavia no se sabe cómo hará para enfrentar el desafío de un país enardecido como nunca antes.
Marco Antonio Villa es historiador y autor del libro Década perdida, diez años del PT em el poder.